[FanFic Digimon] Renamon, la esclava Sexual [F/M F/F]

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[FanFic Digimon] Renamon, la esclava Sexual [F/M F/F]

Mensaje por TheWolfKing el Vie Sep 28, 2012 10:05 pm

Renamon, la esclava sex
ual

Si, no es el nombre mas original del mundo.

Despues de a Renamon en muchas imagenes Yiff y Hentai se me ocurrio hacer este fic, hablando de la vida que una Renamon obligada a trabajar como esclava sexual. Es el primer fic de este estilo que hago, por lo que espero que me den consejos para mejorar.
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Capitulo 1, Una triste noche.

La noche ya había caído, era el momento de empezar mi jornada de trabajo, aunque hubiera deseado que mi trabajo fuera algo completamente distinto a lo que ahora hago.

Me asome por mi venta para observar el mundo exterior, un enorme bosque que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Puede ver a varis digimons salir del bosque y venir en dirección hacia este lugar, aunque eso era lo que menos a me interesaba, solo me interesaba ver el exterior, y como Renamon que soy, mi vida estaba en el exterior, correr, saltar y pelear.

A pesar de ser de noche, podía ver claramente el bosque, las montañas que se veían tan cerca aunque en realidad estuvieran muy lejos de ese lugar, un enorme cielo, adornado con cientos… no, con miles de estrellas y una gran y hermosa luna. Eso era tal vez lo que me atraía más, la luna. Al verla, sentía una gran felicidad, una sensación que no haba sentido en mucho tiempo.

Como me hubiera gustado salir de ese lugar, ir a la cima de una colina y recostarme en el césped, para poder admirar aquel hermoso paisaje y sentirme… sentirme libre.

Pero cuando toque mi ventana, sentí aquellos barrotes de acero que me hicieron volver a la realidad. Antes hubiera podido romper esos barrotes sin ninguna dificultad, pero al pasar mis garras por mi cuello pude recordar el porqué hace casi un mes no lo había hecho. Un collar de acero, sujeto a una cadena la cual estaba sujeta al suelo y que tenía la habilidad única de anular todos mis poderes. Esa cadena era la que me mantenía encerrada en un pequeño cuarto de apenas un metro cincuenta, de paredes grises y húmedas. En la pared del lado derecho había un televisor sobre un pequeño escritorio y una silla de madera, pero honestamente consideraba que ese tipo de cosas eran realmente innecesarias. En la pared de la izquierda había una cama de colchón duro, con una única almohada y una única sabana de color blanco. Y en la pared que se encontraba detrás de mí, había una puerta de acero con una rendija en la parte inferior, diseñada para que no pudiera abrirse por dentro, solo por fuera.

Esa habitación era realmente deprimente y yo era realmente una prisionera dentro de ella.

No quería seguir viéndola, preferí volver a dirigir mi vista hacía la ventana para poder admirar nuevamente el pasaje nocturno y la hermosa luna que seguía en el cielo, como si me observara. Mientras la observaba, comenzaba a sonreír, al mismo tiempo que buenos y felices recuerdos venían a mi mente.

Hubiera deseado continuar observándola, pero entonces escuche la puerta abrirse detrás de mí. Sabía lo que significaba y aunque no lo quisiera, debía hacerlo.

Le di la espalda a la ventana y mantuve mi vista en el suelo por unos segundos hasta que la puerta volvió a cerrarse. Al cerrarse, alce un poco la mirada para ver quienes habían entrado.

Eran dos Leomon, uno de ellos un poco más musculoso, de pelaje más oscuro y una cicatriz en el ojo izquierdo, lo que me hizo pensar que debía tratarse de un bandido o algún soldado retirado. Ellos me miraban de arriba abajo con ojos llenos de deseo mezclado con maldad y sonriendo de una forma perversa. Ya me hacia una idea de lo que me esperaba.

-Creo que hiciste una buena elección hermano- dijo uno de los Leomon, acercándose por detrás hacia mi –se ve en muy buena forma- y sin previo aviso, llevo una de sus manos a mis nalgas para apretarla con mucha fuerza.

Estaba apretándome muy fuerte y enterrando sus uñas en mi piel, no pude evitar soldar un alarido de dolor, pero eso lejos de detenerlo lo hizo apretarme con mas fuerzas. De haber podido, ya lo habría matado, pero mientras tuviera ese collar en my cuello, no había nada que pudiera hacer.

Después de unos minutos, me soltó la nalga y pude sentirme más aliviada, al menos hasta que a donde se dirigían sus manos.

Levanto mi collar de pelos y dejo expuestos mis senos. No perdió el tiempo en llevar sus manos hacia ellos para aprisionarlos en sus garras y jugar con ellos.

Gemía de dolor, esa parte de mi cuerpo era sensible y no me gustaba que la tocaran, pero solo podía quejarme en mi mente, ya que no tenía libertad de hacerlo de viva voz.

El Leomon se veía muy entretenido con mis senos, masajeándolos con mucha impaciencia y energía, y como si eso no fuera suficiente, se acerco a mi cuello y comenzó a lamerlo y saborearlo como si fuera un trozo de carne. Era una sensación de lo más desagradable, podía sentir su saliva en mi pelo y sus manos apretándome con más fuerza. Quería gritar, decirle que me dolía y que se detuviera, pero no serviría de nada y lo único que conseguiría seria alentarlo más. La forma como el Leomon movía mis senos era dolorosa, pero eso no era lo peor.

Mis pezones se había puesto duros y el verlos así pareció excitar más al león que comenzó a apretarlos con fuerza, causándome más dolor y haciéndome gemir más.

-Que tetas tan grandes tienes- Decía el Leomon, sin dejar de apretarlas ni un solo momento –y son tan suaves, se sienten muy bien tocarlas ¿Qué pasara si las aprieto más?-

No dudo en averiguar la respuesta a su pregunta. Hundió sus garras en mis pobres senos y los movió con todavía más fuerza, mientras su asquerosa lengua recorría mi cuello de un lado a otro. No podía hacer nada, solo gritar de dolor y esperar que esa tortura acabara ya, que ese tipo se cansara de mis senos y se fuera, pero no iba a pasar, y todo porque otra parte de mi cuerpo empezaba a reaccionar.

Podía sentir un intenso calor en mi entrepierna y la humedad correr por mis piernas. Quería acabar rápido pero mi cuerpo no me estaba ayudando en nada.

Apreté las piernas lo más que pude, esperando simular la humedad y que no se dieran cuenta. Desgraciadamente para mí, los Leomon eran conocidos por tener un excelente sentido del olfato, y el Leomon mas grande, que solo había permanecido de espectador de su compañero, se dio cuenta de mi condición y no iba a desaprovecharla.

-mira esto amigo, está muy mojada- dijo el otro Leomon, pasando su mano por mi entrepierna y frotando esa zona –no es más que una puta después de todo-

Entonces, el Leomon introdujo sus dedos en mi interior, causándome tal vez el peor dolor de todos, los movía de adentro hacia afuera con demasiada fuerza, lastimándome aun mas y haciendo que me mojara mas y gimiera, pero no de placer sino de dolor.

Los desgraciados parecían divertirse y disfrutar mucho conmigo, uno con mis senos y mi cuello, y el otro con sus dedos en mi vagina; pero yo no estaba disfrutando para nada eso, me lastimaban y lo peor es que no tenía la fuerza como para oponerme a todos eso malos tratos.

El Leomon finalmente quito sus dedos de mi entre pierna. Me sentí un poco calmada, aunque humillada al ver como él me mostraba sus dedos llenos de mis fluidos y se reía mientras los limpiaba con su lengua, repugnante.

-Te gusto ¿verdad?- me pregunto sonriendo como un estúpido. Obvio que mi respuesta era que no, pero nada bueno tendría diciéndolo –pues esto te gustara mas-

Antes de que pudiera pensar siquiera en lo que iba hacer, el Leomon me levanto y abrió mis piernas, dejando mi húmeda intimidad expuesta para que hiciera lo que quisiera. Acerco su cara y comenzó a lamerme y luego introdujo su lengua dentro de mí, haciéndome gemir como una loca y haciendo que mi cuerpo empezara a moverse sin control. El otro Leomon siguió apretando mis senos, que curiosamente, hasta pata mi, se sentían más grandes de lo que realmente eran.

La temperatura de la habitación aumentaba cada vez más y mas, empezaba a ser insoportable, pero los Leomons seguían en lo suyo y yo no podía hacer nada para detenerlos.

No pude soportarlo más, la manera en que ese Leomon oscuro me lamia llevo mi cuerpo al límite y termine corriéndome sin quererlo. Cuando esto sucedía, era cuando me sentía como una verdadera puta, y era cuando me sentía más triste.

Hubiera querido que todo terminara así, pero sabía que apenas era el comienzo.

-Muy bien zorrita, ya que te hice un favor, es justo que tú me hagas lo mismo- dijo el Leomon responsable de que me corriera, se había puesto de pie y casi al mismo tiempo el otro Leomon soltó por fin mis senos y me sentó en el suelo, sin ser para nada cuidadoso.

El otro se acerco más a mí y comenzó a quitarse los pantalones, dejando expuesto un enorme pene que acercaba cada vez más a mi cara. Se me hacia asqueroso y no quería verlo. Cerré mis ojos y voltee a ver hacia otro lado, pero eso no pareció gustarle nada a Leomon.

Me dio una fuerte bofetada y antes de que reaccionara, el tomo mi rostro e introdujo su miembro en mi boca.

-¿Qué estas esperando puta? Empieza a chupar- me dijo, mostrándose de nuevo molesto y listo a darme otra bofetada si no obedecía.

Tener esa cosa en mi boca, no solo como se sentía sino el sabor que sentía en mis labios. Era realmente asqueroso pero debía hacerlo si no quería que me mataran a golpes. Apreté con fuerza los labios sobre el pene y dentro de mi boca, empecé a lamer la punta de este con la punta de mi lengua. Ahora el Leomon parecía más tranquilo satisfecho, pero con una simple mirada me hizo saber que no era suficiente.

Empecé a enrollar mi lengua alrededor del miembro y comencé a mover mi cabeza de adelante hacia atrás, haciendo que saliera y entrara cada vez. Pude notar que mientras hacía esto, el Leomon apretaba sus puños y gemía un poco, aunque no me gustaba lo que hacía, a él sí, y al menos así no volvería a pegarme.

Estaba haciéndolo bien, creo que demasiado bien porque hice que ese Leomon quisiera que siguiera mamándosela, pero ahora a su modo. Me sujeto con fuerza las orejas, impidiendo que pudiera moverme más ahora era él quien se movía de atrás adelante, metiendo y sacando su pene de mi boca, pero lo hacía con toda la fuerza que tenía y a una gran velocidad. Mientras más me embestía, podía sentir sus fluidos empezar a salir de a poco de su punta, inundando mi boca con el sabor más horrible que hubiera probado en mi vida. Era desagradable, pero debía seguir mamándosela con todo el ánimo posible, no por gusto, pero si para salvar mi pellejo. Se sentía más grande y dura, sentía que no me cavia en la boca y que en cualquier momento estallaría.

Ya era bastante malo para mí hacer eso, pero al parecer otro digimon no pensaba lo mismo.

El otro Leomon ahora quería probar mi vagina, pero no de la misma manera en que su compañero lo había hecho. El también se había quitado los pantalones dejando ver otro asqueroso pene, duro y listo para trabajar. Tomo mis nalgas para sostenerse e introdujo su miembro de un solo movimiento y con mucha fuerza, causándome mucho dolor, solo que ahora no podía gritar.

Ambos de daban por delante y por detrás con todo lo que tenían y no les importaba si me lastimaban o si yo lo disfrutaba, cosa que no hacía, a ellos solo les importaba sentir placer. Cada vez me envestían con más fuerza y más rápido, sin detenerse ni un solo instante, apretando más nalgas y mis orejas con cada vez más fuerza.

Después de casi diez minutos de castigo, ambos llegaron al límite y se corrieron casi al mismo tiempo en mi vagina y mi boca, llenándome en ambos extremos de su asqueroso semen. Mi boca queda chorreando aquella blanca y pegajosa sustancia que no tenía ni siquiera un buen sabor, y a pesar de todo el bastardo aun seguía envistiéndome, como si no hubiera tenido suficiente con eso. Y atrás era exactamente lo mismo, el Leomon me había llenado de sus fluidos, que habían salido como una botella de champan recién destapada, dándome con fuerza y aun así el seguía envistiéndome.

Casi después de cinco minutos y luego de una última descarga de esperma, finalmente sacaron sus penes y yo pude caer al suelo, humillada, agotada, sudando y cubierta de semen.

Parecía que al fin mi tortura había acabado, pero estaba equivocada. El Leomon oscuro me levanto y me puso sobre el otro Leomon que se había acostado boca arriba. Cuando estuve en posición, el Leomon me introdujo nuevamente su miembro, pero esta vez me lo metió por el culo.

Esa era sin duda la parte de mi cuerpo que estaba menos experimentada en estas cosas, sentía muy apretado y mientras más entraba el miembro, mas me lastimaba y gritaba como toda una loca.

Ahora si estaba dispuesta a decir lo que pensaba, no me importaba si me mataban a golpes, aunque ellos no me dieron la oportunidad de hacerlo. El Leomon que estaba debajo de mí volvió a apoderarse de mis senos, apretándolos con más fuerza y masajeándolos con más entusiasmo que la primera vez. Su compañero también estaba listo para divertirse, abriendo mis piernas y metiendo su pene en mi vagina.

Ambos me envestían con todo lo que tenían, no me daba tiempo de descansar, sus penes entraban tan rápido con tanta fuerza que apenas y podía resistirlo, estaba en mi límite y ellos también, pero parecían dispuestos a disfrutarme el mayor tiempo que fuera posible. Fueron cinco o diez minutos de salvajes envestidas en mis dos agujeros con dos duros penes que en cualquier momento estallarían de placer.

Finalmente los dos leones no lo resistieron más, y yo tampoco, ambos se corrieron con gran fuerza dentro de mí y yo también acabe corriéndome, quedando llena de esperma en mis dos agujeros.

Creí que eso sería todo, pero los Leomons querían una última cosa. Ambos se pusieron de pie y me hicieron sentar en el suelo, solo para poder meter sus miembros en mi boca. Nunca me había gustado tener un miembro en mi boca ¿pero dos? Apenas y me cabían, y ambos querían que se las mamara al mismo tiempo. No tenia opción, tuve que usar mi lengua y mis labios al doble para este trabajo. Ambos no tardaron nada en correrse en mi boca y dejarla llena de su asqueroso semen, el cual ellos me obligaron a tragarme, era asqueroso.

Ya no podía mas, estaba exhausta e incapaz de seguir. Con las pocas fuerzas que me quedaban, me acosté en mi cama y me quede ahí, esperando que ahora si todo hubiera terminado.

Por suerte para mi, ellos parecían también haber llegado a su límite. Volvieron a ponerse los pantalones y se fueron.

Cuando se fueron, pude hacer lo que había estado esperando hacer desde que había iniciado hasta que termino, empecé a llorar. Me sentía como una puta, usada solo para complacer, sin que importara que el ser abusada una y otra vez, cada día, por los digimons machos que venían cada día.

Se supone que el sexo debe ser algo maravilloso, debe estar lleno de amor y debe disfrutarse, pero lo que yo había ahí no era nada de eso. No era más que una puta a la cual todos podían venir a usar para satisfacer sus deseos, sin importarles que mientras más haga esto, mientras más tiempo pasó en este lugar, más miserable me siento.

Extraño mi vida anterior a esto, mi hogar, a los pequeños bebes que cuidaba cuando mas estaba dispuesto a hacerlo y a quienes veía como si fueran mis hijos.

Todas las noches miro por mi ventana y lloro, preguntándome una y otra vez… ¿Por qué termine así?

En ese momento, volví a escuchar la puerta abrirse, y eso solo significaba una cosa, que mi pesadilla empezaba otra vez.

Sería una larga noche. Una larga… y triste noche.


Continuara…
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como dije, el primer fic de este estilo que hago. Aun asi espero que me dejen Reviews para corregir cualquier error que pueda tener. Este tendra aproximadamente cuatro capitulos nada mas, por lo que sera un fic corto.
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Re: [FanFic Digimon] Renamon, la esclava Sexual [F/M F/F]

Mensaje por TheWolfKing el Dom Oct 07, 2012 8:41 am

Capitulo 2, Mi hogar.

Una nueva noche había llegado, y con ella una nueva jornada de tortura para mí. Después de lo que los dos Leomons me habían hecho, esperaba que no volviera repetirse, que esa noche pudiera admirar el paisaje nocturno que existía fuera de aquel cuarto donde estaba encerrada. Las montañas, el bosque y a algunos de los digimons que siempre salían. Algunos eran jóvenes buscando simplemente pasear o jugar, o más grandes, con algún plan en mente o simplemente disfrutando la noche.

Bien decían que en un bosque como ese, en una noche de luna llena era el momento perfecto para que los amantes salieran y expresaran su amor. Quisiera tener esa oportunidad algún día, tener a alguien que verdaderamente me quisiera y que yo también quisiera.

Pero debía ser realista. Yo jamás podría tener esa oportunidad, y tampoco podía descansar en la noche para seguir observando el mundo exterior, y menos con el digimon que en ese había entrado a mi cuarto y venido a buscar mis servicios.

Era curioso, pero por un momento extrañe a los dos leones cuando vi de qué digimon se trataba. Era un Kyukimon, quizá uno de los digimons más raros de ver por aquellos lugares. Me asuste mucho al verlo, tenía casi el doble de mi tamaño, un pelaje rosa con una cabellera y una cola azul, unos brazos y piernas que se veían bastante musculosas, dos enormes cuchillas salían de sus brazos y que parecía ya haber usado antes para eliminar a muchos otros digimons. Su apariencia en si era aterradora, pero lo que realmente me asusto de él fue su mirada y su sonrisa, se veía como un verdadero demente. Eso me tenía paralizada y temiendo por mi vida, él pareció darse cuenta de mi estado, del temor que recorría mi cuerpo, y al parecer… le gustaba verme así.

-No debes asustarte, te aseguro que lo que haremos te gustara- me dijo con un tono pervertido y sonriendo de la misma manera.

No me había dado cuenta en el momento en el que entro, pero ahora que lo miraba mejor, puede ver que su pene ya estaba listo para la acción. Me sorprendí mucho cuando lo vi, era casi del largo de mi brazo y del mismo grosor, y aun así estaba firme como una piedra. Sentí mucho asco de solo pensar que eso podría entrar en mi boca o en mi cuerpo.

No podía disimularlo y cerré los ojos, caminando hacia atrás, tratando de alejarme todo lo que me fuera posible. Pero antes de que me diera cuenta, pude sentir que algo rozaba mi cuello. No sabía de qué se trataba, pero se sentía frio y duro, y cuando pude ver de qué se trataba, sentí que me moría en vida. Era una de las cuchillas de Kyukimon, la había puesto para tenerme inmóvil, y luego llevo la otra hasta el mismo lugar, formando una tijera alrededor de mi cuello. Un movimiento en falso y terminaría decapitada.

Estaba helada del miedo, sin saber qué hacer. Empecé a mover mis manos con impaciencia, esperando que hubiera un espacio para poder escapar de una segura muerte, pero mis manos sintieron la pared demasiado cerca, pude apoyar mi espalda sobre ella y darme cuenta de que ya no tenía salida, estaba completamente acorralada.

-¿Sientes miedo?- me pregunto el estúpido aun sonriendo. Yo no podía dejar de temblar, y pelo se había erizado por el miedo y la expresión de mi rostro no me ayudaba demasiado a disimularlo –Si lo sientes. Pero eso es bueno, porque no hay nada más excitante que una puta con miedo-

Esas palabras me cayeron como un balde de agua fría, y sabia que marcaban el comenzó. Tenía dos espadas en mi cuello, una pared detrás mío y a un digimon bastante aterrador en frente. No había nada que pudiera hacer, solo cerré y espere lo peor.

Kyukimon no perdió el tiempo y con un rápido movimiento, introdujo su miembro en mi vagina. Me sorprendí mucho al sentirlo ahí, era tan grande y duro que solo sentí la punta entrar. Era terrible y humillante, pero fue peor cuando el desgraciado no quiso detenerse ahí. Kyukimon siguió empujando su enorme pene dentro de mí, como si realmente quisiera que entrara completamente. Mientras más se introducía, no solo me sentía más miserable, sino que podía sentir como si me desgarra por dentro. El dolor era terrible, me hacía temblar y sentía que en un momento ya no sería decapitada sino que sería partida en dos.

Trate de contener un grito de dolor y esperaba que el digimon rosado dejara de introducir su pene, pero el continuaba decidió a que este entrara. Cada vez entraba mas y mas, y el horrible dolor que sentía, no solo en mi vagina, sino mis entrañas se hacía todavía más grande. No podía moverme y no podía hacer nada, solo gritar.

-¡deténgase, por favor deténgase!- gritaba con todas las fuerzas que tenia, mientras sentía como el miembro seguía entrando y me mataba en vida.

Finalmente, el miembro había entrado por completo, pero el castigo por el que había pasado mi cuerpo aun podía sentirlo, y lo seguiría sintiendo. Kyukimon comenzó a sacar su pene, solo para volver a meterlo y empezar a envestirme. La fuerza de cada envestida era enorme, y cada vez la velocidad de estas aumentada, haciendo que mi cuerpo temblara todavía más y más. Podía sentir como una parte de mis fluidos salían de mi cuerpo y cubrían el enorme miembro, haciendo que el digimon bestia incrementara la fuerza de sus envestidas, y por estar apoyada contra una pared, podía sentir cada envestida como un fuerte el golpe en el estomago que me dejaba sin aire.

Para mí era suficiente tener esa monstruosidad en mi cuerpo, pero para él no parecía suficiente. Apoyo su cabeza sobre mi pecho, escarbando por entre mi collar de pelo hasta encontrar lo que buscaba. Ya ahí, empezó a lamer mis pechos y a mordisquear mis pezones.

Fueron casi veinte minutos de lo mismo, y veinte minutos en lo que realmente creí que iba a morir. Finalmente Kyukimon no resistió más y se corrió dentro de mí. La presión de su corrida y la cantidad de semen que salía de este digimon era impresionante, y por impresionante quiero decir repulsivo. Sentía mi cuerpo llenarse de esa asquerosa sustancia blanca en cada rincón de mi cuerpo, haciéndome sentir como una puta.

Después de esto, Kyukimon retiro sus cuchillas de mi cuello. Ahora podía sentirme libre y tranquila de que no moriría a causa de esas cuchillas, pero no estaba en condiciones para poder alejarme de ese digimon. Mi cuerpo todavía temblaba y generaba movimientos involuntarios, no sentía mis piernas ni mis brazos, tampoco podía sostenerme en pie demasiado tiempo, termine cayendo al suelo, quedando sentada y apoyada contra la pared. No podía continuar, me sentía muerta, pero como era costumbre en los desgraciados que siempre venían a verme, siempre querían mas, yo no podía hacer nada para evitarlo, menos ahora que apenas y podía moverme.

Me aterre al ver que a pesar de la monstruosa corrida que Kyukimon había tenido en mi interior, su miembro seguía tan duro y firme como había sido al principio, no podía creerlo y no me imaginaba lo que seguiría.

El digimon bestia tomo mi cabeza y el apoyo contra la pared y metió su pene en mi boca. Esto era realmente más asqueroso y apenas si entraba la punta de este en mi boca, pero a Kyukimon no parecía realmente importarle eso. Al igual que había hecho con mi pobre vagina, comenzó a envestirme sin piedad, con toda la fuerza que tenia y a una gran velocidad. Sentía la inmunda piel de ese enorme miembro en mis labios y mis dientes, asiéndome sentir que de un momento a otro acabaría arrancándomelos todos. Las brutales envestidas de Kyukimon no duraron demasiado, había llegado al límite una vez más y nuevamente se corrió con una fuerza y liberando una cantidad tan grande de semen que no parecía ser verdad.

Los fluidos de Kyukimon llenaron mi boca por completo, haciéndome que me tragara una gran parte y comenzara a ahogarme.

Después de esto Kyukimon parecía haber terminado conmigo, porque después de haberse corrido, saco su aparentemente inagotable pene de mi boca y se fue, pareciendo bastante orgulloso de haberme dejado hache casi pedazos. Al irse, pude escupir el asqueroso semen que todavía quedaba en mi boca. El sabor era acido y terrible, peor que el de los Leomons. Ahora sentía como si mi mandíbula estuviera rota porque no me sentía capaz de cerrarla y al intentarlo, sentía un gran dolor por lo que debía tenerla abierta.

Mire mis piernas y de mi entrepierna todavía salía una gran cantidad de semen, formando un pequeño charco blanco debajo de mi. Era una imagen realmente lamentable, tenia semen en mi boca y mi vagina, mi cuerpo se sentía desecho y yo me sentía mas desdichada, humillada y triste de lo que había estado nunca. Nunca había estado un digimon tan salvaje y la experiencia no había sido para nada agradable.

Después una media hora, puede sentirme un poco mejor, ya siendo capaz de mover y limpiarme la porquería que me quedaba encima. Sin embargo, aun estaba demasiado débil como para ponerme nuevamente de pie, y comencé a arrastrarme hasta llegar al escritorio. Una vez ahí, encendí el televisor y me deje caer al suelo, ya sin fuerzas. Esperaba encontrar algún programa interesante, principalmente algo divertido, que me hiciera olvidar el mal momento que había tenido esa noche y en todas las noches anteriores.

Cuando el aparato encendió, no apareció lo que espere encontrar y de hecho, solo apareció lo que quería olvidar, en lo que no quería pensar, en sexo.

Resultaba ser que aquel aparato estaba conectado a las cámaras de vigilancia de cada habitación. Así es, yo no era la única prisionera, solo era una de muchos digimons que vivían en una gran casa, todas hembras y encerradas contra su voluntad, en cuartos exactamente iguales a la mía y cada una de ellas poseía un collar similar al mío, anulando sus poderes y haciéndolas tan débiles como un digimon recién nacido, incluso más.

Si que fui una idiota al encender ese televisor creyendo que encontraría algo diferente, supongo que ni siquiera estaba pensando, pero no tenia las fuerzas como para levantarme y apagarlo otra vez. Podía ver las cámaras de las otras catorce habitaciones, y en todas ellas sufriendo las mismas humillaciones, violaciones y maltratos por los que yo había pasado.

Una de ellas estaba sentada sobre su cama, era una Witchmon. Una bruja digimon, con fama de ser poderosa y temida, ahora era débil y era humillada por un DinoHyumon y un Cyberdramon. La ropa de esta digimon había sido arrancada con fuerza, dejando sus enormes senos y su entrepierna al descubierto, solo tenía sus guantes, sus botas y su sombrero. Ambos digimons estaban a lado y lado de ella, jalándola del pelo y metiendo sus dos penes en su boca, al mismo tiempo y con gran fuerza. Ya comenzaban a liberar su horrible semen y este comenzaba a escurrir por entre sus labios. En sus ojos podía ver que a ella tampoco le gustaba lo que hacía, pero no podía hacer nada para evitarlo.

Después de unos minutos, ambos llegaron al límite y sacaron sus miembros de la boca de Witchmon para llenar su rostro de semen. Witchmon se veía triste, pero sabía que ese era solo el comienzo para ella.

En otras dos habitaciones había una Angewomon y una Ladydevimon. Cada una en su respectiva habitación, pero ambas pasando por el mismo castigo. Cada una estaba con cinco digimons, Angewomon con un Grizzlimon penetrando con la furia de un demonio su vagina y otro debajo de ella penetrando su culo de la misma manera. Un Astamon, con su traje abierto y obligando a mamar su asqueroso pene, y dos Agumons a cada lado, obligándola a masturbarlos. Ladydevimon por su parte, tenía a cinco Cerberusmon, y todos haciendo lo mismo que los digimons que estaban con Angewomon.

Las digimon ángel y demonio pasaban por el mismo sufrimiento. Amas detestaban lo que hacían y se podía notar que lo que más deseaban era detenerse. Podía ver como algunas lágrimas brotaban de sus ojos, pero al parecer no afectaba para nada a sus violadores que parecías dispuestos a no detenerse. De hecho, las penetraban con más fuerza, lastimándolas todavía más y haciendo que su humillación fuera todavía peor.

Ella parecían no poder resistir mas, pero ellos estaban dispuestos a disfrutarlas el mayor tiempo posible.

En otras dos habitaciones había una Kazemon y una Ranamon. Cada una de ellas estaba con un solo digimon, ambos eran Dobermons y ambos las penetraban por atrás como verdaderas bestias, con mucha fuerza y velocidad, haciéndolas gritar, pero aquellos gritos no los detenían, simplemente los alentaban mas a continuar con sus embestidas, acomodándose en la espalda de las digimon para mayor comodidad de ellos, pero no de ellas.

Ambas les pedían que se detuvieran pero ellos no les hacían caso. Al cabo de unos minutos, los dos perros se corrieron dentro de ellas, aunque igual siguieron embistiéndolas una y otra vez.

En otras cuatro habitaciones mas, había una digimon planta en cada una. Una Rosemon, una Lilymon, una Lilamon y una Lotusmon. Las cuatro eran hermosas, tenían cuerpos envidiables y un encanto incomparable. Pero todas esas cualidades las habían hecho victimas de cinco HoneyBeemon cada una.

Las cuatro, a pesar de encontrarse en habitaciones separadas, ellas pasaban por el mismo castigo y ese era tener que manejar los cinco miembros, pequeños en grosor, pero exageradamente largos de esos digimons incesto, entrando en su cuerpo y cubriéndolas de sus asquerosos fluidos, mientras estos les quitaban la ropa para poder disfrutar cada centímetro de sus esculturales cuerpos. Ellas también lloraban y esperaban que todo acabara pronto.

En otra habitación, una hermosa gata también era una pobre víctima del abuso de esos digimons. Se trataba de una Bastemon y no la estaba pasando para nada bien. Sus atacantes eran dos Lobomons. Un penetrando su vagina con tanta fuerza y furia como si se tratara de una enemiga, mientras que el otro la tenía levantada y penetrada por detrás. La forma en que esos digimons la estaban violando era terrible, ella gritaba, gemía y lloraba, pidiendo que la dejaran, pero ellos no la escuchaban, solo les interesaba sentir placer.

En otras tres habitaciones se encontraban encerradas una Gatomon, una Biyomon y una Lunamon. Ellas eran tal vez las quienes más tristeza me daba, porque eran jóvenes y tenían mucho por que vivir, no debían encontrarse en un lugar como ese. Ellas solo estaban con un macho cada una, pero ese digimon las estaba destrozando sin ninguna compasión. Biyomon estaba con un Terriermon, que a pesar de su inocente apariencia, penetraba su culo sin importarle que así la estuviera lastimarte, incluso haciéndola sangrar, eso solo lo hizo penetrarla con más fuerza.

Gatomon se encontraba con un Gaomon. Este penetraba la vagina de la pobre gatita como si no tuviera otra que hacer, corriéndose dentro de ella unas tres vez, pero aun con ganas de continuar. Finalmente, Lunamon se encontraba con un Gabumon, quien con fuertes golpes y palabras hirientes, la forzaba mamar su enorme miembro, que no tardo demasiado en descargar todo su contenido dentro de la boca de la pobre chica.

La ultima habitación. La digimon que se encontraba ahí era mi mejor amiga. Era una Flamedramon.

A diferencia de las otras digimons, ella estaba sola, pero estaba acostada en el suelo, con sus senos y su vagina expuesta, cubierta de pies a cabeza de semen y respirando con dificultad. Al parecer ella ya había sido terriblemente abusada por varios machos y ahora se encontraba en un mal estado, sin poder levantarse y llorando, humillada y avergonzada de encontrarse así.

Al cabo una hora, uno a uno, todos los digimon terminaron con su trabajo y dejaron a las chicas solas, igual que Flamedramon y yo, cansadas y cubiertas de fluidos. Una vez estuvieron solas, todas hicieron lo mismo que yo hacía cada noche. Lloraban desconsoladas y tristes.

Yo me sentía triste de vivir eso mismo una y otra vez cada noche, desde ya hacía dos meses. Pero él ver a todas aquellas digimons igual que yo, cada noche eran violadas cruelmente cada noche por digimons machos egoístas y crueles, que lo único que les interesaba era sentir placer. Seguro nadie se daba cuenta de lo triste que estas chicas sufrían. Se sentían tan humillas y tan tristes, verlas así realmente me quebraba el alma.

Ellas se preguntaban lo mismo que me preguntaba yo cada noche ¿Por qué termine así?

Me preguntaba muchas veces ¿Por qué las habían traído aquí? Cuando ellas seguramente tenían una vida, familia, amigos, posiblemente amores, obligaciones y trabajos, en fin, toda una vida que ellas jamás hubieran cambiado por una vida tan terrible como la que llevaban ahora.

Después una media hora, y sin que ninguna de nosotras se hubiera recuperado aun, un nuevo grupos había llegado, todos entrando de a grupos de a tres a nuestras habitaciones, listos para divertirse con nosotras.

Ya sabíamos que la noche para nosotras no había terminado, nuestros terribles castigos y malos tratos apenas empezaban.

Acababa de amanecer pero yo aun no podía levantarme. El castigo por el cual había pasado la noche anterior todavía lo podía sentir en mi cuerpo. Las piernas y los brazos aun me dolían un poco. Afortunadamente ya podía cerrar la boca, pero estaba demasiado cansada y no quería despertara. Prefería mil veces seguir durmiendo, estando en un sueño en el que yo no me encontraba en ese lugar, sino en… en mi hogar.

Mientras más tiempo pasaba en ese lugar, mas extrañaba el hogar del que ahora estaba tan lejos.

(Comienzo del Flashback)

Recordaba que hacía solo un año, mi hogar era una pequeña casa que se encontraba sobre una colina. Era la casa donde había crecido, criada por mi madre, una grande y poderosa Kyubimon y en la que mi abuela y mi bisabuela también habían vivido, para desarrollar sus poderes espirituales, y de esa manera, pudieran evolucionar a sus formas perfeccionadas, Taomon para poder empezar un viaje alrededor del digimundo, utilizando estos poderes espirituales para enfrentar a digimons oscuros que hacían uso de la magia negra, las ilusiones y las maldiciones, las cuales ningún otro digimon podía confrontar, siendo esta una obligación que venía desde tiempos ancestrales y que se trasmitía de generación en generación.

En ese lugar solo habíamos vivido nostras dos, totalmente alejadas de cualquier otro digimon, y concentradas en nuestro deber de dominar esos místicos poderes. Por ese mismo año, mi madre había logrado dominar aquellos místicos poderes y convertirse en una Taomon, por lo que dejo su hogar para emprender el viaje que sus antepasadas habían hecho también.

Yo me había quedado sola y tenía el deber de dominar mis poderes espirituales. Pero a diferencia de mi madre, mi abuela y mis demás antepasadas, yo no tenía un gran interés por aprender a usar esos poderes. No era que yo no respetara la tradición que desde hacía mucho tiempo mi familia tenía, y tampoco era que yo no deseara ayudar a los demás. Pero el hecho de vivir sola tanto tiempo únicamente para incrementar mis poderes no era una idea que no me agradaba, ya que me gustaba más ser libre, jugar afuera y tener amigos, pero apenas y tuve la oportunidad de vivir eso cuando era más pequeña, por que cuando evolucione a Renamon, mi vida se limito a entrenar y a estar en mi casa todo el día, y aun cuando mi mamá se fue, ya estaba demasiado acostumbrada a estar dentro de mi casa y así hubiera sido durante toda mi vida, hasta que un día encontré algo que la cambio para siempre.

Cerca de mi casa, una mañana, me pareció ver algo que pasaba caminando. Era pequeño y no podía ver con claridad que era y decidí acercarme un poco sin saber de se trataba. Cuando me acerca más lo vi, era un pequeño DemiVeemon. Se vía muy cansado, jadeando e incapaz de mantenerse en pie por demasiado tiempo, además de estar mojado, lo que dé inmediatamente me hizo pensar que había estado en el rio que estaba cerca de ahí. Se veía muy mal, no imaginaba que podía ser lo que le había sucedido, pero no podía dejarlo ahí.

Lo tome entre mis brazos a mi casa, ahí lo cure y protegí. Cuando estuvo más recuperado, solo me dijo que se había caído al rio accidentalmente cuando estaba con su hermana escapando de un digimon que quería atacarlos. Se veía muy triste por estar lejos de su hogar y de su hermana, pero era muy pequeño y estaba muy débil como para estar solo y lo invite a quedarse conmigo en mi casa mientras se recuperaba, yo después lo ayudaría encontrarse con su hermana.

El tiempo que permanecimos juntos nos unió mucho. DemiVeemon antes siempre se veía triste, pero poco a poco su ánimo empezó a mejorar, se veía más alegre y siempre jugábamos juntos. Yo por mi lado, ya no me sentía tan sola como antes lo estaba antes, lo veía como si fuera un pequeño hijo y pronto, otros digimons se unirán a ellos.

Poco a poco, junto a mi pequeño compañero DemiVeemon, encontramos a un Tokomon abandonado y que estaba siendo atacado por unos Demidevimon. Los ahuyente y rápidamente acogí al pequeño a mi cuidado.

Desde ese día, empecé a cuidar a todos los digimons bebes que encontraba o que eran abandonados, haciendo de mi casa un hogar para todos ellos. Deje de lado la tradición de entrenar mis poderes espirituales y me dedique a cuidar a estos digimons que tanto lo necesitaban.

Durante ese año fui muy feliz y "mis pequeños" también lo fueron. Algunos se fueron, como DemiVeemon y Tokomon, que habían evolucionado y tomado la decisión de buscar cada uno a su familia perdida. Fue difícil dejarlos ir, pero sabía que debía hacerlo, siempre los recordaría y sé que ellos también lo harían.

Sin embargo, todo lo que había conseguido, lo que había hecho, fue arrebatado en un solo instante. Un Digitamamon había aparecido en mi casa pidiéndome ayuda, diciéndome que había encontrado a muchos digimons heridos y que el solo no podía atenderlos, y yo accedí muy amablemente a ayudarlo.

¡Dios, que estúpida fui al hacerlo!

Cuando menos lo espere, este me había inyectado algo en el brazo, dejándome completamente dormida.

En un momento estaba en mi hogar con mis pequeños, y en el otro estaba encerrada, con un collar que había anulado mis poderes y sujeto a una cadena. Pronto me daría cuenta de que había muchas como yo y que estábamos en esa casa, dirigida por aquel mismo Digitamamon.

Nuestro objetivo en esa casa era, en palabras del desgraciado huevo con patas, damas de compañía para hombres a quienes les hacía falta el cariño de una mujer. Creo que era una forma elegante de decir lo que realmente éramos y somos, "Prostitutas".

Desde ese momento, la vida que había tenido desapareció, y una vida de violaciones, maltratos y tristeza empezaba.

(Fin del Flashback)

Recordar eso ultimo me hizo despertar completamente, sintiendo un gran odio hacia aquel digimon que a base de un engaño me había terminado trayendo a ese lugar y había arruinado mi vida.

Pero también recordaba a los pequeños bebes que cuidaba, a los que según ellos, yo les había salvado la vida, pero en realidad… ellos habían salvado la mía, haciéndola más feliz de lo que era. Todos aquellos eran buenos recuerdos, pero ya se encontraban en mi pasado y no había manera de hacer que volvieran. Lo más seguro era que los demás bebes se habrían cuidado por sí mismos y ya no esperaban a mi regreso.

Una campana comenzó a sonar, las puertas se abrieron y las cadenas se abrieron, pero aun tenía mi collar puesto. Era una señal que ya todos conocíamos, significaba que ya era la hora de desayunar. Vi por la puerta a todas mis compañeras salir de sus habitaciones, las cuales estaban todas, unas frente a otras, en un pequeño y largo corredor, y yendo en camino hacia el comedor de esa casa. Sin embargo, yo no me sentía con ánimos de ir a comer, solo me quede sentada en mi cama, aun recordando todo ese pasado.

Me sentía triste otra vez y estaba muy distraída, tanto que no me había dado cuenta que alguien había entrado a mi habitación y se había sentado a mi lado.

-Buenos días dormilona- dijo quien había entrado, colocándome el brazo sobre mi hombro.

Voltee a ver de quien se trataba y me sorprendí un poco al ver a Flamedramon.

-ahh buenos días Flamedramon- le dije, todavía un poco sorprendida de verla junto a mí.

-Vamos, mejor vamos a desayunar antes de que nos dejen sin nada- dijo ella, tomándome del brazo y sacándome de la habitación, pero yo la detuve bruscamente y eso la sorprendió un poco -¿Qué ocurre?-

-Nada, es solo… que no tengo ganas de desayunar- le respondí, entrando a mi cuarto otra vez y sentándome en la cama.

Por un momento pensé que ella se iría y me dejaría sola, pero no lo hizo. En vez de eso, entro a la habitación y se quedo conmigo.

-Todavía piensas en tus pequeños ¿verdad?- me dijo ella con una sonrisa, había sido la única a quien le había comentado eso. De hecho, era la única con quien había hablado y desde el principio había sido muy amable conmigo –estoy segura que ellos están bien-

-¿realmente lo crees?- le pregunte, no muy convencida.

-no solo creo en eso, querida amiga, sino que también creo que serás libre y volverás a verlos-

Me impresionaba escucharla tan optimista y alegre. Apenas anoche se veía muy triste por haber sido violada, y no imaginaba cuantas veces antes había pasado por esos terribles abusos, ya que por lo que había escuchado, ella llevaba más tiempo que yo.

Ella jamás perdía su ánimo.

-Recuerda esto Renamon- continuo –por mas triste que sea la vida, y por más dura que sea, nunca debes perder la esperanza de que todo mejorara. Siempre mira a la vida con una linda sonrisa, porque al final ella te sonreirá también. Es una frase mi padre repetía mucho cuando era pequeña-

No cabía duda, Flamedramon siempre sabia como animarme. A pesar de tener poco de conocernos, ella siempre me entregaba todo su apoyo y me alegraba cuando estaba más triste, y era por eso que la consideraba mi mejor amiga.

-tienes razón- fue lo único que le dije con una sonrisa y ella también me sonrío.

-entonces vámonos, antes de que las demás chicas no dejen sin nada- me respondió entre risas y ambas salimos en dirección al comedor.

Era cierto que mi vida era muy triste en ese lugar, pero al menos gracias a Flamedramon, aun quedaba un poco de alegría en ella, pero sobre todo, no perdía la esperanza de que un día toda esa pesadilla terminaría y yo, junto a Flamedramon y las demás chicas… seriamos…. Libres.

Continuara…
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